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Era la madrugada del martes 11 de agosto de 1936, cuando era fusilado en Sevilla Blas Infante Pérez. Esta semana se han cumplido, pues, 72 años del fusilamiento de quien es considerado 'Padre de la Patria Andaluza'. Caía a disparos de unos falangistas en las tapias del convento de las Clarisas, en el kilómetro cuatro de la antigua carretera de Carmona. Fue una víctima más de la terrible represión que desencadenó Queipo de Llano en la capital hispalense, tras la sublevación militar del 18 de julio.
Blas Infante era un notario honesto, cuyo único delito fue reivindicar el derecho a una vida digna para los jornaleros, articulando un sistema político tendente a la "liberación" del pueblo andaluz, en paralelo al estudio y profundización en el conocimiento de nuestras raíces culturales y la consecución de una efectiva autonomía regional y municipal, articulada en torno a un movimiento político que se concretará en el Andalucismo.
Infante, forjador del andalucismo histórico y precursor del nacionalismo actual, intentaba construir un movimiento nacionalista para crear una nueva Andalucía, en una nueva España donde predominase la solidaridad entre los pueblos que la componen.
Con el asesinato de Blas Infante, al que siguió unos días después el de Federico García Lorca, las tropas franquistas acababan con dos símbolos emblemáticos de la cultura y la esperanza del pueblo andaluz, en su intento, a través de la política y la palabra, de liberar a nuestra tierra del secular sometimiento al que había estado sometida.
Toda esta introducción tiene mucho que ver con los símbolos de nuestra tierra, y el respeto que tanto los ciudadanos como las instituciones les debemos. No es que anteponga los gestos o símbolos al trabajo, pues mientras aquellos pueden quedar en lo anecdótico, lo importante es intentar resolver los problemas reales de nuestra tierra. Pero estos días hemos vivido situaciones impensables en otras autonomías que accedieron a través de la vía del artículo 151 de la Constitución, léase Cataluña, País Vasco o Galicia.
El Sr. Chaves y el Sr. Zarrías han evidenciado una falta de respeto institucional hacia la figura del Padre de la Patria Andaluza, que la gente los hubiese abucheado por la calle si eso sucede en Cataluña. Cual señoritos del cortijo, uno ningunea los actos de homenaje y recuerdo de Don Blas, no acudiendo al acto protocolario en el Parlamento, mientras que el otro se va a una fiesta del pulpo a Galicia.
Esto forma parte de la desmemoria histórica socialista a que hacía colación en un artículo anterior. Falta de respeto institucional agravada en el hecho de no intentar revocar la pantomima de condena de muerte que se inventaron los vencedores, unos años después de su muerte.
Estos socialistas que recientemente debatieron una ponencia sobre la trascendencia histórica de Infante, demuestran su verdadera cara con gestos como este.
Pero ya les digo, si al menos afrontaran la crisis y las dificultades por las que atravesamos, o defendieran una financiación adecuada a nuestras necesidades, me callaría, pero ni eso.
El gobierno socialista de Chaves, con su política cansina, mortecina, cual eco de la ola y reflejo de las decisiones emanadas desde Ferraz, está convirtiendo a Andalucía en una autonomía devaluada, donde se actúa, sistemáticamente, como coartada y cómplice de la política estatal del gobierno ‘amigo' de Zapatero. Todo les parece bien.
Pero ya les digo, lo de menos es colocar flores en el lugar donde fue fusilado el mito fundacional de nuestra Autonomía. Lo importante sería hacer como Infante, luchar por la igualdad, los derechos, la justicia y la dignidad de los jornaleros sin tierra. Ahora, por todos nosotros.
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