lunes, 12 de mayo de 2008

Con mayor o menor calidad en el contenido del trabajo y con menor o menor salario, podría citar a un buen número de personas de mi entorno personal que, de parados de larga duración o crónicos, han pasado a estar empleados en los últimos años. Particularmente, mujeres. Esta estadística es sin duda subjetiva, pero no lo son las del INE: el paro en España ha sufrido un descenso históricamente drástico. Como digo, la precariedad y el infrasalario abundan, pero la población tasa de empleo ha crecido tan notablemente como se ha reducido la de desempleo. Pero esto ha tocado a su fin, y ambas tasas comienzan a comportarse en sentido inverso. El aumento del paro es la auténtica bestia parda de la economía y de los presupuestos públicos, a la vez consecuencia y causa de la crisis.

Nosotros, mientras, acabamos de salir de la Semana Santa, la Feria y en este mes tenemos casi tantos puentes como el río Sena. Acabo de disfrutar en un atasco monumental en Sevilla, en plena hora de ir a trabajar, porque hay una procesión de carretas rocieras, como ayer y como mañana. Asistiremos resignados a otras tantas en la vuelta, con el personal carretista ya más desmadejado. Van llenas en pleno miércoles, la policía las escolta y les franquea el paso. Los que van a trabajar, que hubieran salido de madrugada, o que digan que están muy mailitos y se queden en casa: la fiesta, la tradición y la esencia alegre de nuestro pueblo son prioritarios.

Si los mayores somos ya caso perdido, ¿qué podemos hacer por los niños andaluces, que ven como en la recta final del curso sólo hay estímulos para no pegar ni clavo, empezando por los horarios escolares salpicados de fechas en rojo? Que viene el paro… pero ¡no a por nosotros, caramba, echa ahí una copita!

Enviado E-Mail por:
Tacho Rufino. Economista, profesor de la Universidad de Sevilla y columnista habitual de los medios del Grupo Joly


Publicado por adminsevilla1 @ 14:30
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Publicado por Invitado
sábado, 12 de julio de 2008 | 1:30
Nunca he enviado un email con este artículo que, eso sí, escribí yo. Un poco de por favor... T. Rufino