El Voto en Blanco no es defendible como opción democrática ideal, pero sí como la más democrática y cívica protesta contra la degeneración de la democracia y el mal gobierno. Cuando votamos en blanco lo hacemos sólo porque no hemos encontrado un partido que nos convenza, o una candidato en quien fiarnos. Con el Voto en Blanco estamos lanzando un mensaje claro y contundente: creemos en la democracia y acudimos a votar, pero no nos convencen vuestras propuestas, no nos fiamos de vosotros y rechazamos vuestra concepción de la democracia, a la que habéis degenerado y degradado.
El Voto en Blanco es un voto de protesta, ni más ni menos, pero una protesta democrática y cívica.
Muchos de los que se inclinan a votar en blanco terminan no haciéndolo porque sucumben a la tentación de castigar a unos políticos votando a otros. Otros prefieren abstenerse. En nuestra opinión, ambas opciones son menos democráticas y cívicas que el Voto en Blanco. Cuando se vota a la oposición para castigar al gobierno, por venganza o para castigar una mala gestión, se alimenta el sistema degenerado y degradado, sin cuestionarlo. Simplemente se cambia de gobierno, pero la degeneración sigue intacta. Cuando uno se abstiene, aunque lo haga de manera meditada y razonada, se envía un mensaje confuso y se actúa exactamente igual que los desinteresados por la política, que los “pasotas” y que los individualistas y egoístas que jamás participan en los asuntos de interés colectivo.
Aquellos ciudadanos españoles, verdaderos demócratas, que se niegan a aceptar el Voto en Blanco como vía para regenerar la democracia y prefieren castigar al gobierno votando a la oposición, se equivocan (y ellos lo saben) porque el problema no es el PSOE, el PP, IU o los nacionalistas, sino el sistema mismo, gravemente degenerado. Ignoran que la democracia ya no existe, que ha sido asesinada por los partidos políticos y por sus políticos profesionales, y que lo que nos rodea y gobierna es una vulgar partitocracia que no merece el respeto ciudadano y que en nada se parece a la noble democracia original.
Reproduzco a continuación unas palabras del premio nobel portugués José Saramago, que apoyan esta reflexión: "El sistema democrático -entre comillas- tiene una bomba, y la bomba es el voto en blanco. Un cambio democrático puede nacer del uso conciente, muy conciente, del voto en blanco. Eso sería darle un susto, un susto tremendo al sistema electoral. A mi me gustaría que la ciudadanía le diera un susto muy fuerte a la clase política con el voto en blanco. Así se tenga el 80 por ciento de abstención, el sistema seguirá funcionando, pero qué ocurriría, ¿qué haría un gobierno si se encuentra con un 80 por ciento de votos en blanco?"
El sentido común y la experiencia demuestran que votar a la derecha para castigar a la izquierda o a la izquierda para castigar a la derecha no es la solución. Fijaos lo que ocurrió cuando expulsamos a Felipe González de la Moncloa: sustituimos a un gobierno corrupto y gastado por uno arrogante. ¿Que hemos conseguido expulsando a Aznar de la Moncloa? Poner en su lugar a un inquietante y peligroso Zapatero que ha pervertido la democracia y la ha llevado hasta el borde del abismo.
¿Qué haremos en marzo de 2008? ¿Sustituir a Zapatero por Rajoy? Muchos argumentan que esa sustitución es necesaria porque hay que detener el tremendo deterioro que está causando Zapatero a la nación. Pero ¿por qué no afrontamos el núcleo del problema y forzamos a los políticos a que nos devuelvan la democracia que han secuestrado? ¿Por qué no recuperamos los ciudadanos el poder que el sistema nos otorga y que los políticos nos han arrebatado? ¿Por qué no sometemos la política al control de la ciudadanía, como exige la democracia?
Si no hemos encontrado un partido honrado y creible, que defienda las reformas que España necesita, entonces el Voto en Blanco es el camino. No hay otro, aunque nos cueste trabajo asumirlo. Votar a un partido político culpable de la actual degeneración de la democracia es alimentar el problema porque el mayor obstáculo para la regeneración de la democracia es hoy la partitocracia.
Como dice Saramago, hay que darle un susto a la política corrupta e ineficiente que nos domina y a esos polítiicos profesionales que se han atrincherado en el privilegio y la ventaja. No existe otra manera de darle un susto a la corrupción y al abuso que con el Voto en Blanco.
A ellos (los políticos) sólo les interesa ganar y permanecer en el poder. Ahora el PSOE y el PP, sólo para ganar las elecciones, pretenden dar un "giro hacia el centro", ignorando que lo que deben dar es un giro hacia la decencia. Todos los partidos adaptan sus estrategias para obtener la victoria, pero no se regeneran y siguen siendo lo que son: implacables estructuras de poder y de dominio únicamente interesadas en controlar y beneficiarse de los recursos del Estado.
Aunque sea duro admitirlo, la primera verdad que debe asumir hoy un auténtico demócrata es que los partidos políticos son el principal obstáculo para la regeneración de la democracia y de la vida política.
Apliquemos dos axiomas infalibles en democracia: el primero dice que "la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos", y el segundo dice que "todos los problemas de la democracia se resuelven con más democracia".
Si queremos regenerar el sistema, si queremos dar una bofetada democrática a los políticos corruptos y arrogantes que han degenerado el sistema, expulsando a los ciudadanos de la política y sustituyendo el servicio por el privilegio, el Voto en Blanco masivo es la única terapia, el antivirus drástico que necesita esta democracia secuestrada y postrada.
Alberto