jueves, 20 de julio de 2006
La dictadura de las mayorías

Corrupción, Ideología

Algunos déspotas camuflados creen que el gobierno de las mayorías es democracia, cuando, en realidad, es una sutil modalidad de despotismo.

Conseguir mayorías no es difícil en la era de la comunicación, cuando el poder cuenta con recursos tan valiosos y eficientes como la propaganda y el apoyo masivo de los medios de comunicación. El problema es que las mayorías de hoy son minorías de mañana y que gobernar basados en el concepto de la mayoría es una frívola y deshonesta interpretación de las reglas de la democracia que conduce al enfrentamiento social y al descrédito del sistema.

Por esa razón los expertos y teóricos del pensamiento político insisten en que la democracia es, sobre todo, el respeto a las minorías, y aconsejan que las leyes, sobre todo las importantes que afectan a la convivencia y a las costumbres, sean aprobadas por consenso o por mayorías altamente cualificadas (dos tercios o tres cuartos).

La única descripción solvente y garantizada de la democracia es la del "sistema que posee y acata leyes democráticas, respeta a las minorías desde gobiernos libremente elegidos, con poderes limitados y controlados por la ciudadanía".

La democracia flaquea en todas sus bases:

1.- Las leyes democraticas no son respetadas por los partidos políticos, que han infiltrado y controlado los poderes básicos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) y ocupado espacios que les están vedados en la sociedad civil y las grandes instituciones de la sociedad.

2.- El respeto a las minosrías es desconocido en la democracia española, donde simplemente se practica el dominio de las mayorías y en la que los partidos que gobiernan, amparados en sus mayorías, se consideran legitimados para gobernar en contra de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y hasta se atreven a aprobar leyes fundamentales con porcentajes ridículos, que ni siquiera alcanzan la mayoria.

3.- Los gobiernos, en la democracia española, no son libremente elegidos, ya que los partidos han pervertido el sistema al arrebatar a los ciudadanos el sagrado derecho a elegir a sus representantes, imponiendo listas cerradas y bloqueadas, elaboradas por las élites de los partidos, que son en realidad las que eligen.

4.- Los poderes del gobierno no están lo suficientemente limitados, al no existir poderes capaces de contrarrestar el inmenso poder de los partidos y al no existir tampoco una sociedad civil con capacidad para que los ciudadanos, a tavés de sus instituciones y asociaciones, sirvan de contrapeso al gobierno y controlen su comportamiento.

El gobierno de las mayorías es uno de los peores tipos de dictadura. No sólo las grandes leyes deben ponerse a salvo de esa dictadura de las mayorías, sino también los grandes principios y creencias.

Publicado por adminsevilla1 a las 7:04 | Politica | 4 Comentarios | Enviar
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Autor: Antiguo alumno salesiano
Fecha: sábado, 12 de agosto de 2006
Hora: 0:13

Cuando no hay sociedad política, intermedia e intermediaria entre la sociedad civil y el Estado, es decir, entre el país real y el oficial, como ocurre en el Estado de Partidos, ocupa su lugar la sociedad aparente. Una apariencia social presentativa de la sociedad civil, sin ser representante ni representativa de la misma. Por eso tiene su propio código de conducta, sus valores cognitivos, morales o estéticos y sus modos de represión de los infractores. Nadie se ocupa de ella, pues se confunde con la opinión pública, que solo es el modo de crearla y mantenerla. Dos grandes principios dan coherencia mental y ética a la sociedad de las apariencias.

Autor: Antiguo alumno salesiano
Fecha: sábado, 12 de agosto de 2006
Hora: 0:15

En virtud del primero, se sustituye la verdad por una serie de ficciones de aceptación general. La sociedad aparente crea la ideología de que no es necesario vivir en la verdad, pues la dificultad de conocerla y realizarla puede ser obviada mediante ficciones convencionales que, por su utilidad social, funcionan como si fueran verdades. Este ficcionalismo lo fundamentó la “Filosofía del como si“ de Vaihinger (1911).

Vivimos la Monarquía como si fuera la República, la partitocracia como si fuera la democracia, el Parlamento como si fuera creador de leyes, el poder judicial como si fuera independiente, la prensa como si fuera libertad de expresión, la universidad como si fuera libertad de cátedra, la competencia económica como si existiera mercado libre, la sindicación como si fuera libre asociación de trabajadores. La Transición impuso el imperio del como si, tanto en la vida pública como en la privada.

Autor: Antiguo alumno salesiano
Fecha: sábado, 12 de agosto de 2006
Hora: 0:19

El segundo principio, verdadera imperativo categórico, salvaguarda la vigencia y duración de la sociedad aparente, mediante la norma de salvar o guardar a toda costa las apariencias. Tan a rajatabla se aplica este dogma que, cuando la sociedad aparente carece de medios coercitivos contra las irregularidades que no guardan las apariencias, además del escándalo en los medios que controla, pide al Estado que aplique el Código Penal.

En esta Monarquía de Partidos, los personajes de la plutocracia no van a la cárcel por cometer las mismas operaciones ilícitas que sus colegas “comme il faut“, sino por haber sido erráticos en el círculo profesional que obliga a guardar las apariencias. Esto explica lo que las propias víctimas no entienden. La expropiación de Rumasa o la prisión de Mario Conde fueron promovidas por la propia plutocracia, intolerante de que unos “parvenus“ hicieran lo mismo que ella, pero sin guardar ni salvar las apariencias.

Autor: realista_ja ja
Fecha: martes, 03 de octubre de 2006
Hora: 13:34

Al antiguo alumno salesiano:

Seguro que cuando estabas en los salesianos, lo que mejor se te daba era el copiado. JajajajajaMuchas risas