miércoles, 22 de marzo de 2006
Montellano: Exigir la verdad a nuestra clase dirigente.

Exigir la verdad a nuestra clase dirigente.


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La perdida de la memoria, y la gran diferencia para afrontar los problemas cuando se gobierna o cuando se está en la oposición; la falta de rigor en el mensaje, lo vulgar de sus palabras y de los contenidos ideológicos, el desprecio a la sociedad civil y su marginación, y utilizar a los ciudadanos como rehenes de las cuitas partidistas políticas, han conseguido en menos tiempo de lo que se esperaba, que los ciudadanos pierdan interés por lo público, por lo político y llegue a las triste conclusión: que todo es verdad y mentira a la vez; que todos son iguales; que no tienen credibilidad; que se ha creado una clase dirigente en todas las estructuras políticas, que viven alejadas de la realidades sociales y civiles, lejos de la vida de los pueblos y sus ciudadanos. Que no hay programas ni criterios definidos de gobierno, solamente ambición de poder, de permanecer en el poder, de tratar el poder y la capacidad de gobernar, como algo absoluto, propio de unos solos y de aquellos que les posibiliten la permanencia en sus ambiciones, sin reparar ni pensar en el soporte social y político que esos apoyos, que sirven para permanecer en el poder, tienen socialmente, en el estado, en las regiones, o en las provincias. Dando carta de naturaleza a lo que les beneficia, aun no siendo cierto y criticando y persiguiendo, a quien ose decirles las verdades. Y las consecuencias son estas.

El 60 % de los jóvenes españoles entre 15 y 24 años, vive de espaldas a la política. El 39 %, muestra interés por ella, pero de ese 39 %, el 18 %, es decir la mitad de los jóvenes, rechaza frontalmente la acción política actual y cree, que deberían buscarse políticas alternativas. Más del 30 % se declaran de centro, su participación en asociaciones es inferior al 2% y sus principales problemas son por este orden: encontrar empleo, conseguir la paz, el acceso a la vivienda, mejor distribución de la riqueza, atenciones a los más desfavorecidos, protección del medio ambiente, mejora de los servicios públicos, poder defender convicciones religiosas y morales, la unidad de España y por este orden hasta 15 propuestas .

Que lejos está y que cerca estaba aquella sociedad civil que participaba y que hacia suyo el compromiso social y político de la nueva España constitucional. Cuanta ilusión y cuanto compromiso social. Cuanta participación ciudadana en la cosa pública y en los proyectos políticos, de aquellos partidos con aspiraciones democráticas internas y de proyección externa. Que voluntad en los ciudadanos de encontrarse y de entenderse con aquellos, con los que durante muchos años no pudieron poner en común sus diferentes ideas, sobre las formas distintas de concebir la sociedad, los valores, la política, las libertades. Porque en ese principio democrático español de los años 80, había ideología y programas políticos, en unos y otros partidos; diferentes, plurales, encontrados, pero honestos y con verdad. Y los ciudadanos apostamos por una España unida, plural ideológicamente hablando, con respeto a la diversidad que nos enriquece, luchando por todo aquello que debía de unirnos y rechazando lo que ya sabíamos que nos iba a separar nuevamente. Pero la ambición de permanecer en el poder, hizo que las banderas perdieran los colores y con ello los proyectos sociales y los programas, en unos y otros partidos. Todos han querido representarlo todo, ser más de todo que nadie, centristas, reformistas conservadores, liberales y progresistas a la vez. Todo esto de cara a la galería, pero sin quitarse la careta, que define y enmarca a cada uno de ellos, por mucho que quieran disimularlo. Cuando las banderas pierden los colores, son simples trapos descoloridos que no significan nada, ni representa nada, ni a nadie. Cuando uno se avergüenza de lo que es, o de lo que ha sido, deja de ser y ya no es nada, por mucho que se esfuerce en querer seguir siendo, o en aparentar.

Esta enfermedad, esta falta de pulso político y democrático que vive la sociedad española, ha sido detectado por los ciudadanos y debemos de agarrarnos, a que cuando uno conoce y tiene definida su enfermedad, está en el camino de su curación. Hay que poner remedio. Exigir la verdad a nuestra clase dirigente. No permitir que nos usen de moneda de cambio en sus ajustes de cuentas. Demostrarles que esta sociedad civil, cansada si de sus tropelías, tiene aun fuerzas para exigir responsabilidad a quienes nos gobiernan y a quienes están en este momento en la oposición y decirles que tomen nota de nuestras preocupaciones y de nuestras exigencias de solución, en materias como el paro, la vivienda, la educación, la sanidad, las mejoras sociales, el terrorismo, la definición de la estructura territorial del estado, la inmigración y la despoblación en regiones que si no se corrige, corren el riesgo de dejar de existir. Sería muy conveniente para ello, también contar con unos medios de comunicación independientes, al servicio de la información y de los ciudadanos y no al servicio del poder o de la oposición. Medios de comunicación, como aquellos de la transición, o los primeros años de esta España democrática.


Montellanero. Alonso

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Publicado por Montellanero a las 19:51 | Montellano | 4 Comentarios | Enviar
Comentarios
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Autor: Webmaster
Fecha: jueves, 23 de marzo de 2006
Hora: 6:59

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Autor: Invitado
Fecha: viernes, 24 de marzo de 2006
Hora: 16:57

Excelente articulo.

Autor: Invitado
Fecha: jueves, 06 de abril de 2006
Hora: 11:53

Muy buen artículo el del Montellanero Alonso.

Autor: Invitado
Fecha: viernes, 21 de abril de 2006
Hora: 16:44

Mis felicitaciones por el artículo, puesto que hace un análisis profundo de la realidad política de nuestro país, y además da que pensar.
Desde mi punto de vista creo que lo que le falta a la política actual es un sentido. Hay que recordar que hasta no hace mucho la implicación de las " personas de a pie " se debía a que querían modelar una España diferente tras el Régimen, y tenían la posibilidad de hacerlo. Una vez que ésa generación ha ido quedando atrás, la nueva economía, el nuevo sistema de valores, ect.. hace que sea necesario plantearse otra clase de política.
Es cierto que lo que se ve en los medios de comunicación es deplorable y deprimente, puesto que si unos dicen blanco, los otros comentan que es negro. Sin embargo los que salimos perjudicados somos los demás.
Es necesaria una política de consenso, de crítica constructiva, de apoyo y ayuda entre los que gobiernan y los que se oponen a dicho gobierno.
Un saludo a todos.